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divendres, 4 de març de 2016

Otegi, Savater y la genealogía de la moral



​"​Era yo adolescente cuando [Savater] publicó su autobiografía "razonada": Mira por dónde se llamaba. De sus páginas salí convertida en una nacionalista furibunda, entendiendo la nación como esa "comunidad de ciudadanos" que describió Dominique Schnapper. El terruño me lo comí y me lo guardé en el pecho; y ahí sigue, donde no puede hacerle daño a nadie. De aquellas páginas salí también con los valores puestos en orden. Consciente del programa etarra de limpieza ideológica, de la complicidad de los nacionalistas y vacunada contra la mentira del conflicto. No desfilaban tanques por las calles de San Sebastián, no se cavaban trincheras en las aceras. Había un bando que mataba y otro que moría. Unos tenían las pistolas y los otros, la dignidad de una lengua libérrima. Los primeros eran los malos; los segundos, los buenos.

En los últimos años, sin embargo, es frecuente encontrar, en medios y redes de tendencia izquierdista, todo tipo de dicterios contra Savater. De fascista para arriba. Es curioso, habida cuenta de su conocido origen y tránsito por las vías del progresismo. Pero es más curioso todavía que muchos de sus insultadores tengan a Otegi, en cambio, por un hombre de paz y un preso político. El dirigente abertzale salió hace dos días de prisión tras cumplir una condena de seis años por tratar de reconstruir la ilegalizada Batasuna bajo las órdenes de ETA. Otegi cometió robos, participó en atentados y tomó parte en secuestros como miembro de ETA político-militar primero, y de ETA militar después. Otegi pertenecía a ETA cuando Savater descubría, de buena mañana, otro ataúd en la puerta de su despacho. Y cuando enterraba a sus amigos y aun a sus adversarios, con igual desconsuelo del demócrata.
​"

Aurora Nacarino-Brabo

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