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dissabte, 23 d’abril de 2016

Leído 1

"Que PSOE, Podemos o ERC deseen que se vote a los 16 –la edad de consentimiento sexual, casualmente– comporta una rendición: la de quien confía muy poco en su capacidad para seducir a mentes adultas y ha de conformarse con excitar los humores del parvulario. No es que un español de 18 años sea ya un Hegel, pero por eso el debate debería plantearse en torno a la conveniencia de elevar la edad del votante, no de rebajarla más. A no ser, claro, que se persiga justamente rapiñar los sufragios acneicos de ciudadanos en ciernes que todavía tienen que aprender a coser el esfuerzo al placer, la responsabilidad a la utopía y los deberes a los derechos. Ya advirtió Sócrates de que la democracia degenera en un tribunal de niños que juzga a un médico acusado por un pastelero: adivina, oh Gorgias, quién resultará absuelto. Y quién será forzado a dimitir a base de cicuta."

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