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dimecres, 11 de maig de 2016

La necedad interminable


El diccionario de la Real Academia Española define al necio -la necia en este caso- como un 'ignorante que no sabe lo que podía o debía saber'. Ser necio es una desgracia personal y una penitencia para sus allegados, pero no por ello se hunde el mundo. Por el contrario, si el necio está al frente de una responsabilidad pública la cosa es mucho más grave que un simple incordio.

Lamentablemente, los necios ocupan hoy cargos políticos relevantes en gobiernos y parlamentos, tras haberlos ostentado en cátedras y aulas en escuelas de barrio o Universidades. Formar parte de la elite no ha hecho más corta su lista de necedades. La penúltima fue la de los támpax alternativos y la última es la de Anna Gabriel que apuesta por 'tener hijos en común y en colectivo', dado que tener hijos en familia te hace conservador. Según ella, la idea de una familia convencional “es pobre” y “enriquece muy poco”. Gabriel aboga, pues, por un concepto de maternidad y de paternidad que “no estén individualizados”. Es decir, que "la idea es que tú eduques en la tribu” ya que de esta forma no hay “sentimiento de pertenencia” del hijo.

Tal vez, en tiempos del mayo del 68 alguien se hubiese escandalizado con alguna de las cosas que dice Gabriel, pero hoy aburre. Ni tan sólo se trata de una provocación, ya que para provocar hay que ser inteligente y saber de que se habla. Lo que dice Gabriel y sus amigos ( y amigas) suena a viejo, a  manido y, sobre todo, a desfasado. Pero ellos ni lo saben ni lo quieren saber. No se trata de una ignoracia ocasionada por un defecto genético o por no haber tenido acceso a la educación. No. Se trata de algo más grave: una ignoracia querida.

Viven  intelectual y emocionalmente en un mundo virtual, lejos del contagio de otras ideas que cuestionen su fe ideológica. Se constituyen en tribus digitales impermeables al exterior, salvo para el exhabrupto, como caricaturas postmodernas de los monasterios mediaveles, fortalezas erigidas para preservar la palabra de Dios.



Anna, querida, por qué no haces un esfuerzo y te pones al día sobre lo que dices. No cuesta mucho. Mientras lo consigues, te hago un resumen muy resumido. Como deberías saber, casi todos los movimientos anarquistas y comunistas han tenido la pretensión de abolir la familia y el matrimonio, a favor del amor libre y la comuna, pero en las pocas ocasiones en que lo han intentado, han fracasado. Ni tan sólo los kibutzim de Israel lo han conseguido, porque tanto los niños como los padres terminaron por decantarse por la familia nuclear. Las razones que explican ese fracaso son de índole evolutiva. "Los padres tienen una predisposición genética a criar a sus propios hijos, y no dedicar el mismo esfuerzo a los hijos de otros. (...) Contrariamente a las fantasías de algunos marxistas sobre los orígenes de nuestra especie, la crianza comunal de los niños nunca existió; cada quien cría a su propia sangre. Aquel viejo adagio africano de que “se requiere una aldea para criar a un niño”, es precisamente eso: un adagio sin mucho fundamento, como tantos adagios que pululan en la cultura popular". Pues eso.




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