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dimarts, 5 de juliol de 2016

El mal menor


La asunción del mal menor como forma de gobierno es un signo de madurez política. Más allá del mal menor habitan el mesianismo y el secuestro emocional. El mal menor gobierna obligado a continuas transacciones, sometido por sus alianzas y cuando cae lo hace sin estrépito, como deben caer los gobiernos de los países prósperos. Hay una mentalidad pervertida que considera que los electores jamás se equivocan, cuando las elecciones son antes un mecanismo para corregir sin dramatismo las equivocaciones de los electores que una suerte de epifanía colectiva.

El español tiende a considerar España como excepcional y su deriva como fruto de una especie de maldición histórica. Que la nación más cabal de la Tierra haya sido arrastrada fuera de la Unión Europea por una ola de demagogia y estupidez no es suficiente para acabar con la leyenda que nos hemos creído de nosotros mismos. Por si no hubiera suficientes ejemplos, el baluarte de defensa de la democracia en Estados Unidos es una mujer investigada por el FBI, de liderazgo débil y proceder cuestionable. Y ya hace años que Chirac nos enseñó cómo se arrasa en una presidenciales con varios procesos pendientes por corrupción. "Vota a un delincuente, no a un fascista", clamaban durante aquella campaña los socialistas franceses con las narices tapadas. La mediocridad es esto. | RAFAEL LATORRE
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