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dilluns, 5 de setembre de 2016

Contra la identidad [Cayetana Álvarez de Toledo]

La defensa de la identidad colectiva es un ejercicio intelectualmente frustrante y políticamente peligroso, también en el caso de Europa. La Europa unida se construyó contra los bloques étnicos, los mitos historicistas y las arengas patrióticas. Enarbolar ahora la identidad, aunque sea como escudo, es renunciar a nuestra mayor conquista: la idea de ciudadanía. Ser un ciudadano significa que ni tu procedencia ni tu aspecto ni tu renta ni tu religión ni tus sentimientos ni tus influencias culturales -es decir, nada de lo que conformaría una supuesta identidad- afectan a tus derechos y obligaciones. Estos existen -y son idénticos a los de tus vecinos- sólo en razón de tu pertenencia a una comunidad democrática de derechos y libertades. No hay nada más valioso. Y pocas cosas más infravaloradas.
(...)
¿En qué momento olvidamos la lección? Europa y EEUU ganamos juntos la guerra a la identidad. Construimos un mundo seguro en paz y libertad, pero no hemos preservado su fundamento: el concepto de ciudadanía. Por culpa, condescendencia o miedo, hemos permitido que su némesis, la identidad, se colara por la rendija de la corrección política. Hemos creado guetos culturales y religiosos. Hemos desmantelado los espacios públicos para la discusión común. Y hemos permitido la fragmentación del demos. La resultante segregación está alentando un grave conflicto, no entre cosmopolitas e identitaristas, sino entre identitaristas de distinto signo.
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