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dilluns, 3 d’octubre de 2016

Todo se torció cuándo Zapatero quiso ganar la guerra civil

El futuro ha sido lo que era
[Cayetana Álvarez de Toledo]



"La histérica exhibición de hooliganismo en que devino el Comité Federal del PSOE -un terrible punto de referencia, ya para siempre, en la historia tantas veces cainita de la izquierda española- es la culminación de un proceso que Pedro Sánchez, con su temeraria levedad, profundiza, acelera y hasta encarna, pero no inicia. Los anglosajones, tan fértiles con las palabras, han acuñado el sintagma post-rational democracy para explicar fenómenos deplorables como el Brexit o el ascenso de Trump. En España, el ocaso de la razón colectiva empezó mucho antes del tsunami anti-élites y la fragmentación mediática que definen el mundo de hoy. Su origen es la pervivencia -y convergencia- de dos corrientes autóctonas de irracionalidad: el odio atávico a la derecha y la exaltación atávica de la identidad.

En su irrupción del pasado miércoles en la Ser, Felipe González dijo: «Yo no coincido con Sánchez en satanizar al PP». Así sea, pero no siempre fue así. Y desde luego no ha sido así en el caso del máximo valedor mediático de la operación contra Sánchez. La hecatombe tiene un íter. Y un hito indiscutible de ese íter es El futuro no es lo que era, el libro con el que Felipe González y Juan Luis Cebrián sepultaron definitivamente la verdadera tercera vía española -la que representaba Nicolás Redondo Terreros- y trazaron el rumbo de la infausta era ZP:

- J.L.C: La sensación que percibo es que los del PP están felices porque son la derecha de siempre, la que colaboró con la Dictadura decididamente porque la engendró pero, encima, legitimada democráticamente. De algún modo es como si Franco se hubiera presentado a las elecciones y las hubiera ganado. Podemos ponerle todos los matices que queramos a esto, pero me parece que está claro lo que quiero decir. También votarían, a lo mejor, a Fidel Castro en Cuba.

- F. G.: A Milosevic lo votaban, más allá de los fraudes, no te quepa duda.

En la entrevista con Pepa Bueno, González se confesó: «Cada vez soy más demócrata». Como si fuera posible serlo un poquito, mucho o casi nada. La clave es que, como referente del PSOE, González contribuyó a la demonización de un partido que ha llegado a representar a la mitad de los españoles y que hoy -a pesar de la corrupción, de su inacción ante el separatismo y de su resistencia a la renovación- sigue ganando elecciones. Hace unos días, la senadora demócrata Elizabeth Warren acusó a Trump de socavar el sistema de convivencia norteamericano «by making hate Ok».

Aquí ha sucedido algo parecido. La legitimación del odio al PP abonó el terreno para la destrucción de los consensos constitucionales en épocas de Zapatero y la impugnación de la Transición por parte de los pijos de Podemos, a los que demasiados socialistas miran hoy con una mezcla de pánico y admiración. Siembra vientos. Ahí está Alfredo Pérez Rubalcaba, de inspiración del asedio a Génova en 2004 a blanco de los que asediaron Ferraz en 2016. Sí, la vieja guardia socialista, hoy desesperada, tiene una grave responsabilidad en el hundimiento del partido y en las consecuencias de ese hundimiento para España."
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