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diumenge, 27 de novembre de 2016

Rita Barberá: Entre todos la mataron y ella sola se murió


Desde que entrase en la habitación 315, la ex alcaldesa de Valencia no la abandonaría, en una cuenta atrás de 37 horas que terminaron con una parada cardíaca de muerte. Entre medias, algo de comida, un desayuno frugal a la mañana siguiente y ninguna visita hasta la llegada de su hermana y su sobrino el martes. Así transcurrieron las 37 últimas horas de la mujer que gobernó durante 24 años la tercera ciudad más grande de España.

Su penúltimo pedido de roomservice fue una copa de whisky JB y una tortilla de patatas a las 21:30 del lunes, según aseguran en el hotel. Una factura de 13,60 euros que jamás pudo abonar. Era su particular menú para sobrellevar en la soledad de su habitación de 25 metros cuadrados un día amargo. Pesadillesco. El de su temida declaración ante el Tribunal Supremo por un presunto delito de blanqueo de capitales. La que fuera alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, se veía sentada en el banquillo. Demasiado trance para una persona de 68 años que llevaba más de un año padeciendo una situación explosiva: "Una cacería mediática, el vacío de su partido y varias amenazas de muerte que le habían provocado una depresión y agravado sus problemas de hipertensión", según una persona de su entorno. Amenazas como el haber recibido en menos de dos años dos sobres con balas del calibre nueve milímetros parabellum. El último, el pasado mes de julio. O como la más reciente. La que puso en conocimiento de un alto cargo de Interior a través de un SMS horas antes de morir tumbada junto a su hermana. Con un camisón y en un lecho de muerte de colchón blando y de 1,50. En la habitación 315. El búnker donde se parapetó antes de que su corazón dejase de latir. Sin avisar a nadie.
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