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dissabte, 11 de febrer de 2017

La búsqueda desinteresada de la verdad

No puede evitar reproducir estas palabras de Hannah Arendt que brinda hoy la columna de Arcadi Espada. Lúcidas e imprescindibles:

"La transmisión de la verdad factual abarca mucho más que la información diaria que brindan los periodistas, aunque sin ellos nunca encontraríamos nuestro rumbo en un mundo siempre cambiante, y nunca, en el sentido más literal, sabríamos dónde estamos. Sin duda, esto tiene la máxima importancia política, pero si la prensa llegar alguna vez a convertirse en el cuarto poder, tendría que ser protegida del poder gubernamental y de la presión social incluso con mayor cuidado que el poder judicial, porque esta importantísima función política de suministrar información se ejercita, hablando en términos estrictos, desde fuera del campo político.

(...)

La búsqueda desinteresada de la verdad tiene una larga historia. Y, su origen es previo a todas nuestras tradiciones teóricas y científicas, incluso la del pensamiento filosófico y político. A mi juicio, se remonta al momento en que Homero decidió cantar las hazañas de los troyanos tanto como las de los aqueos, y exaltar la gloria de Héctor, el enemigo derrotado, tanto como la gloria de Aquiles, el héroe del pueblo del poeta. Esto nunca había ocurrido hasta entonces. Y, ninguna otra civilización, ni siquiera la más esplendorosa, había sido capaz de contemplar con los mismos ojos a amigos y enemigos, la victoria y la derrota -las cuales desde Homero ya no son consideradas como norma fundamental para el juicio de los hombres aunque sean fundamentales para el destino de dichos hombres-. La imparcialidad homérica resuena a lo largo de la historia de la Grecia clásica, e inspira al primer gran narrador de la verdad factual, quien se convirtió en el padre de la historia: Heródoto. Este nos dice en las primeras frases de su relato que su objetivo es evitar que "los grandes y gloriosos hechos de los griegos y los bárbaros caigan en el olvido y pierdan su gloria". Aquí está la raíz de todo aquello que se denomina objetividad, esa curiosa pasión por la integridad intelectual a cualquier precio. Se trata de una pasión desconocida fuera de la civilización occidental, y sin ella jamás habría nacido ninguna ciencia." | HANNAH ARENDT


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