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dilluns, 13 de febrer de 2017

Un juicio que pasará a la larga historia de la ficción catalana




El fiscal Ulled dedicó más de dos horas a su informe final. No rehuyó la política. Pero lo insólito es que la nombró para decir que la soberanía popular no es lo que se estaba juzgando, que los testaferros [también él los llama voluntarios] eran personas admirables, que todas las ideas son respetables, que a él no le instruía el gobierno, que este era un juicio democrático y otras muestras de excusatio realmente non petites. Para pasmo de extraños eludió el principal rasgo político de lo que se estaba juzgando. La inconmovible evidencia de que todos los hechos que se describían y analizaban constituían simples engranajes del Hecho: la anunciada voluntad de un gobierno originariamente democrático de saltarse la ley y destruir la democracia para la consecución de su objetivo político que era, y es, la independencia de Cataluña. Comprendo que sea difícil de creer para cualquiera, pero en los cinco días del juicio nadie pronunció la palabra independencia. Lo que demuestra mejor que nada hasta qué punto el juicio pasará a la ya cargada historia de la ficción catalana.
Arcadi Espada


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