dissabte, 31 d’agost del 2019

En España ya hay más perros y gatos (8 millones) que niños (6 millones de 0 a 14 años)




El martirio de Guinefort resuena, sin duda, en este tiempo de heterodoxias sin purificar, cuando un tercio de la población (EE.UU) estima que “sus mascotas entienden mejor sus sentimientos que las personas”, el gasto en ellas sobrepasa al preciso para resolver el hambre mundial y los perros están efectivamente reemplazando a los niños -ante la advertencia del papa Francisco. En un país como España hay ya 8 millones de perros y gatos, más que niños (6 millones de 0 a 14 años), todo ello coincidiendo con el reforzamiento del discurso anti natalista, la normalización del aborto como "derecho reproductivo", el desplome de la misma natalidad de los últimos años, y con probables a fuer de silenciosas tendencias disgénicas en los países occidentales. El conflicto entre el "amor a las mascotas" y el "amor a los niños" es, pues, indudable en esta coyuntura, como también lo es la contribución del fenómeno a la atomización familiar y, en consecuencia, al menoscabo último de la civilización en el sentido minuciosa y proféticamente descrito por Zimmerman.

Se trata de un conflicto de raíces profundas que de hecho arraigan en el propio relato de Guinefort, cuyo culto, de crueldad manifiesta con los niños, se asocia a la brujería. Ese rasgo pre moderno y pre ilustrado, por cierto, que la crítica menosprecia -desde Caro Baroja al menos- como paranoia ideológica (y misógina) de los inquisidores. Y sin embargo, no deja de ser un ingrediente del infanticidio mágico en el que consistía el culto popular, especialmente en una era sin "planificación familiar", "estado del bienestar", ni "abortos seguros"
ANIMALES DIVINOS [EDUARDO ZUGASTI]




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