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divendres, 21 de juny del 2019

El plante asiático a reciclar más plástico pone en jaque a la UE




No sé si reír o llorar ante el reciente anuncio del gobierno canadiense de que va a prohibir ciertos artículos de plástico de un solo uso. Esta es una débil virtud de señalización del tipo que ahora exhiben los políticos de todo el mundo. Pero no hará casi nada para lidiar con el problema del plástico en los océanos.

El tsunami de desechos en que se está hundiendo a los países del sureste asiático es ahora un problema relativamente conocido. Por un tiempo, los países asiáticos parecían impotentes para acabar con este comercio, pero hace unos días, Filipinas y Malasia se posicionaron y enviaron algunas pequeñas cantidades de este material problemático a Canadá, su país de origen.
La devolución fue posible porque los residuos todavía estaban en contenedores y estaba claro de dónde procedía este "material para reciclar"; en realidad, residuos sucios mezclados. Así que cuando llegó el momento, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, simplemente amenazó con tirarlo en una playa canadiense, y se terminó el callejón sin salida. Sin embargo, esto no es cierto para la mayoría de los residuos plásticos que ya hay ahora en estos países. Desde principios de 2018, cuando el gobierno chino anunció que detenía la importación anual de desechos de los países ricos, las cantidades enviadas al sudeste asiático han sido prodigiosas. Y la mayor parte estarán ahí para siempre.

Los residuos plásticos sucios mezclados son casi imposibles de reciclar, por lo que los países ricos, con sus estrictas regulaciones ambientales, los envían a países más pobres. Pero el reciclaje no es más fácil en el sureste de Asia y solo una pequeña parte de las 106 millones de toneladas de desechos enviados en los últimos 20 años se convirtió en nuevos gránulos de plástico. La mayoría fue quemada al aire libre, o arrojada en ríos, desde donde encontró su camino hacia los océanos.

Esta es la consecuencia fea de la economía verde y de la obsesión de reciclar. El daño que se está haciendo se ha vuelto cada vez más claro a medida que los países asiáticos se han movido para poner fin al comercio de residuos. Prohibir las pajitas de plástico en Canadá es un gesto para que parezca que los políticos están haciendo algo, mientras evitan las decisiones difíciles. Pero esas decisiones difíciles no van a desaparecer, y pronto se volverán inevitables.

Hubo un tiempo en que fui una gran voz solitaria que advertía sobre las consecuencias adversas del reciclaje de plástico y la exportación de chatarra de plástico sucio. Pero desde que la terrible verdad se ha hecho más conocida, la presión para hacer algo al respecto ha aumentado. Así que, a pesar del fuerte cabildeo de la industria del "reciclaje", las partes en el Convenio de Basilea de las Naciones Unidas acordaron recientemente poner fin al comercio de chatarra de plástico: una prohibición que entrará en vigor en 2021.
La prohibición es un paso necesario y bienvenido para los países pobres, que sufren las horrendas consecuencias para la salud pública y el medio ambiente de ese comercio. Pero las consecuencias para Occidente son aterradoras. En la mayoría de los países ricos, la mejor opción para tratar con este material es quemarlo, pero la capacidad de incineración es inadecuada en casi todas partes. En la UE, las restricciones en los vertederos han restringido fuertemente esa alternativa, y las nuevas reglas que entrarán pronto en vigor lo eliminarán por completo. Para empeorar las cosas, la legislación de la UE ahora estipula que el 55% de los envases de plástico tendrán que ser reciclados para 2030. Esto es imposible con las tecnologías actuales y, de hecho, puede que nunca sea económicamente viable o respetuoso con el medio ambiente.

Por lo tanto, la crisis de los desechos está en peligro de salirse de control. Es probable que los países ricos tengan que introducir medidas de emergencia para proteger la salud pública y el medio ambiente.
Desafortunadamente, ideas similares a las de la UE están surgiendo del proceso del G7. La cumbre de Halifax del año pasado dio lugar a una Carta de Plásticos Marinos, un documento que no abordó el desastre ambiental y de salud pública causado por los residuos plásticos. A medida que el MV Bavaria se dirige hacia Vancouver con esos contenedores de “reciclaje” de plástico, les quedará claro que las palabras que suenan virtuosas no los mantendrán fuera de problemas por mucho tiempo. Pronto habrá que tomar decisiones dolorosas.

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El Dr. Mikko Paunio es un experto en salud pública con sede en Helsinki. Su artículo sobre la crisis de los residuos plásticos fue publicado recientemente por la Fundación para el calentamiento global de las políticas en Londres.









diumenge, 5 de maig del 2019

El ecologismo ha pasado de predecir catástrofes ambientales que nunca han ocurrido a provocarlas, como el plástico marino


A MÁS PLÁSTICO PARA RECICLAR MAYOR AUMENTO DE LA BASURA MARINA


En su relativamente corta historia, el ecologismo político ha pasado de alertar sobre catástrofes medio ambientales que nunca se han producido a provocarlas. Sobre las predicciones equivocadas de los verdes les remito a la entrada 'El catastrofismo ecológico'. Sobre la responsabilidad de los mismos en provocarlas, lean la presente entrada, basada en una anterior convenientemente actualizada.

Una vez más, el ecologismo político hace sonar todas las alarmas ante el fin del mundo marino que el plástico está empezando a provocar [Ver, por ejemplo: 'El consumo de 'usar y tirar': en 2050 habrá más plásticos que peces en el océano]'. Tampoco se trata esta vez de una catástrofe, pero podría llegar a serla si seguimos con la obsesión por el reciclaje. El problema tiene una fácil solución y se llama incineración.

Pero como la incineración es pecado de CO2, la ideología verde nos ha metido en un callejón sin salida, especialmente en la UE.




Un informe escrito por el experto en salud pública finlandés Dr. Mikko Paunio revela que los esfuerzos para reciclar el plástico son una de las principales causas del problema de la basura marina y propone su incineración en lugar de tratar de reciclarlos.

La mayoría de los desechos plásticos provienen de unos pocos países. Solo 10 ríos, 8 de Asia y 2 de África, son los responsables del 93% del plástico que los ríos del mundo vierten al Océano. El orígen del mismo no solo procede del consumo interno en China sino también y sobre todo de las grandes cantidades de desechos que los países de la UE exportamos a las plantas de gestión de residuos de Asia, aparentemente para su reciclaje. Desde que China prohibió las importaciones de desechos a principios de año, los envíos se han desviado hacia otros países asiáticos con controles ambientales todavía más débiles.

Mikko Paunio, dice que "está claro que la contribución europea a los desechos marinos es el resultado de nuestros esfuerzos por reciclar. Sin embargo, varios países ya han demostrado que pueden reducir esta contribución casi a cero, simplemente incinerando los desechos". Por el contrario, la UE está redoblando los esfuerzos para aumentar el reciclaje y cerrar la vía de la incineración, creyendo erróneamente que esto reducirá las emisiones de carbono.

El reciclaje forma parte del adoctrinamiento de la ciudadanía en la ideología del ecologismo político, asumida ya por todos los partidos. La utilidad material del reciclaje es mínima, cuando no contraproducente como en el caso del plástico. Sin embargo, su liturgia es muy eficaz para 'educar' a las masas en la moralina de la 'corrección política'.

Hay mucho de farsa y de hipocresía en el reciclado. Ya termine en los ríos de Asia o empiece en la recogida de basura de nuestra calle. Como en el reciente caso de Mataró (hay muchos de anteriores), en dónde se ha descubierto, vídeo incluido, que habitualmente los camiones del servicio de recogida de basura mezclan los residuos que previa y laboriosamente los ciudadanos han separado en sus correspondientes contenedores.



Lean esta carta del Dr. Mikko Paunio:

The title may sound odd to ordinary people, but the sad fact is that the global “recycling” industry has significantly added to the marine plastic litter problem.

I have put recycling in quotes, because only a small fraction of plastic recovered from consumers is actually recycled: the material collected is dirty and so mixed up that it is impossible to produce the high-quality raw material required by, for example, the food-packaging industry. Most recovered plastic is simply burned or dumped: on land, in rivers, or even directly in the oceans.

Unable to recycle waste in line with the targets imposed on them, rich countries have chosen to dump it — plastic, paper and cardboard — on poor ones, especially China. Lower environmental standards in much of Asia has made it cheaper to manage waste there and low-quality recycled plastic can sometimes be profitably produced from these waste streams, albeit in highly polluted conditions.

In recent years, the stream of waste delivered to China expanded vastly. Annual imports reached 85 million tons, including 8 million of plastic. The quantity was so huge that inspection at ports became impossible, and the unscrupulous found that even mixed or hazardous waste could profitably be sent, disguised as “recycling” to avoid landfill tax or high management costs in rich countries. Unable to handle this tsunami of refuse, the Chinese were forced to either burn or dump vast quantities. An unknown amount found its way to the oceans.

The consequences for the environment and for public health of this “recycling” madness have therefore been horrendous, and have ultimately proved too high for the Chinese, who have now banned waste imports entirely. Recent figures suggest that recycling businesses in the UK have responded by simply shipping waste to Asian countries with even weaker environmental standards. So even more waste will end up in the oceans in future.

Meanwhile, the EU is doing almost nothing to reduce the flow of waste. It is sticking to its idealistic environmental dreams, claiming to be in the forefront of efforts to save the oceans through a “circular economy” strategy. History tells a different story — efforts to focus on recycling have led to one environmental disaster to another, with the ocean plastic crisis being just the latest. Readers may recall the waste crisis in the Italian region of Campania, which was overwhelmed by so-called “ecoballs” — the two-thirds of plastic waste that was rejected by its sorting facilities. The streets were awash with rubbish, dioxins spread across the region, and the eventual breakdown of public order.

It should be understood that all recycling schemes – including paper recycling — leak either plastic litter or microplastic to the environment. If we truly care about saving the oceans, then recycling of plastic and paper should stop. And there is a clear and sensible alterative available, namely incineration. Incineration was the way Campania put its waste management system back on an even keel. It is also the basis of the waste management strategy of many EU countries, and as such has proven to be hugely successful on all measures. Yet despite this clear superiority to other approaches, incineration is being dismissed and discouraged, by EU politicians and bureaucrats, but most importantly by the unholy alliance of “recyclers” and green NGOs, who together lobby for ever-more complicated recycling schemes. If the EU was serious about its war against marine pollution it should consider banning the export of plastic waste rather than banning plastic straws.

As someone once said, “Where there’s muck, there’s brass”. Unfortunately, as far as recycling is concerned the price is paid, not just by ordinary consumers, but by the oceans and the rest of the natural environment.
Dr Mikko Paunio is a Finnish public health specialist and an adjunct professor in general epidemiology at the University of Helsinki. He is the author of the new paper Save The Oceans – Stop Recycling Plastic








'La absurda cruzada de la UE por reciclar plástico solo empeora la contaminación'






divendres, 29 de juny del 2018

A más plástico para reciclar más aumento de la basura marina




En un informe escrito por el experto en salud pública finlandés Dr. Mikko Paunio se revela que los esfuerzos para reciclar el plástico son una de las principales causas del problema de la basura marina y propone su incineración en lugar de tratar de reciclarlos.

La mayoría de los desechos plásticos provienen de unos pocos países. Solo 10 ríos, 8 de Asia y 2 de África, son los responsables del 93% del plástico que los ríos del mundo vierten al Océano. El orígen del mismo no solo procede del consumo interno en China sino también y sobre todo de las grandes cantidades de desechos que los países de la UE exportamos a las plantas de gestión de residuos de Asia, aparentemente para su reciclaje. Desde que China prohibió las importaciones de desechos a principios de año, los envíos se han desviado hacia otros países asiáticos con controles ambientales aún más débiles.

El autor del informe, el Dr. Mikko Paunio, dice: "Está claro que la contribución europea a los desechos marinos es el resultado de nuestros esfuerzos por reciclar. Sin embargo, varios países ya han demostrado que pueden reducir esta contribución casi a cero, simplemente incinerando los desechos". Sin embargo, la UE está redoblando los esfuerzos para aumentar el reciclaje y cerrar la vía de la incineración, creyendo erróneamente que esto reducirá las emisiones de carbono.

El reciclaje forma parte del adoctrinamiento de la ciudadanía en la ideología del ecologismo político, asumida ya por todos los partidos. La utilidad material del reciclaje es mínima, cuando no contraproducente como en el caso del plástico. Sin embargo, su liturgia es muy eficaz para 'educar' a las masas en la moralina de la 'corrección política'.

Hay mucho de farsa y de hipocresía el reciclado. Ya termine en los ríos de Asia o empiece en la recogida de basura de nuestra calle. Como en el reciente caso de Mataró -hay muchos de anteriores- en dónde se ha descubierto, vídeo incluido, que habitualmente los camiones del servicio de recogida de basura mezclan los residuos que previa y laboriosamente los ciudadanos han separado en sus correspondientes contendedores.



Lean esta carta del Dr. Mikko Paunio:

The title may sound odd to ordinary people, but the sad fact is that the global “recycling” industry has significantly added to the marine plastic litter problem.

I have put recycling in quotes, because only a small fraction of plastic recovered from consumers is actually recycled: the material collected is dirty and so mixed up that it is impossible to produce the high-quality raw material required by, for example, the food-packaging industry. Most recovered plastic is simply burned or dumped: on land, in rivers, or even directly in the oceans.

Unable to recycle waste in line with the targets imposed on them, rich countries have chosen to dump it — plastic, paper and cardboard — on poor ones, especially China. Lower environmental standards in much of Asia has made it cheaper to manage waste there and low-quality recycled plastic can sometimes be profitably produced from these waste streams, albeit in highly polluted conditions.

In recent years, the stream of waste delivered to China expanded vastly. Annual imports reached 85 million tons, including 8 million of plastic. The quantity was so huge that inspection at ports became impossible, and the unscrupulous found that even mixed or hazardous waste could profitably be sent, disguised as “recycling” to avoid landfill tax or high management costs in rich countries. Unable to handle this tsunami of refuse, the Chinese were forced to either burn or dump vast quantities. An unknown amount found its way to the oceans.

The consequences for the environment and for public health of this “recycling” madness have therefore been horrendous, and have ultimately proved too high for the Chinese, who have now banned waste imports entirely. Recent figures suggest that recycling businesses in the UK have responded by simply shipping waste to Asian countries with even weaker environmental standards. So even more waste will end up in the oceans in future.

Meanwhile, the EU is doing almost nothing to reduce the flow of waste. It is sticking to its idealistic environmental dreams, claiming to be in the forefront of efforts to save the oceans through a “circular economy” strategy. History tells a different story — efforts to focus on recycling have led to one environmental disaster to another, with the ocean plastic crisis being just the latest. Readers may recall the waste crisis in the Italian region of Campania, which was overwhelmed by so-called “ecoballs” — the two-thirds of plastic waste that was rejected by its sorting facilities. The streets were awash with rubbish, dioxins spread across the region, and the eventual breakdown of public order.

It should be understood that all recycling schemes – including paper recycling — leak either plastic litter or microplastic to the environment. If we truly care about saving the oceans, then recycling of plastic and paper should stop. And there is a clear and sensible alterative available, namely incineration. Incineration was the way Campania put its waste management system back on an even keel. It is also the basis of the waste management strategy of many EU countries, and as such has proven to be hugely successful on all measures. Yet despite this clear superiority to other approaches, incineration is being dismissed and discouraged, by EU politicians and bureaucrats, but most importantly by the unholy alliance of “recyclers” and green NGOs, who together lobby for ever-more complicated recycling schemes. If the EU was serious about its war against marine pollution it should consider banning the export of plastic waste rather than banning plastic straws.

As someone once said, “Where there’s muck, there’s brass”. Unfortunately, as far as recycling is concerned the price is paid, not just by ordinary consumers, but by the oceans and the rest of the natural environment.
Dr Mikko Paunio is a Finnish public health specialist and an adjunct professor in general epidemiology at the University of Helsinki. He is the author of the new paper Save The Oceans – Stop Recycling Plastic








'La absurda cruzada de la UE por reciclar plástico solo empeora la contaminación'