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dilluns, 18 d’abril de 2016

El 'consenso' científico criminalizó sin base a las grasas saturadas


THE NEW YORK TIMES.- El Experimento Coronario de Minnesota fue un importante ensayo clínico, llevado a cabo entre 1968 y 1973, que estudió las dietas de más de 9.000 personas en los hospitales mentales de ese estado y una residencia de ancianos.

Durante el ensayo, que fue financiado por el National Heart, Lung and Blood Institute y dirigido por el Dr. Ivan Frantz Jr. de la Universidad de Minnesota, los investigadores fueron capaces de regular estrictamente la dieta de los pacientes objeto de estudio. La mitad de los sujetos fueron alimentados con comidas ricas en grasas saturadas: leche, queso y carne de vacuno. El grupo restante comió una dieta en la que se eliminó la mayor parte de la grasa saturada que fue sustituida por aceite de maíz, una grasa insaturada que es común actualmente en muchos alimentos procesados. El estudio tenía por objeto demostrar que la eliminación de la grasa saturada de la dieta y su sustitución por grasas poliinsaturadas procedente de aceites vegetales les protegería contra las enfermedades del corazón y reduciría su mortalidad.

Pero, ¿cuál fue el resultado? A pesar de ser uno de los mayores ensayos clínicos controlados de dieta jamás realizado, los datos nunca fueron analizados en su totalidad.

Hace varios años, Christopher E. Ramsden, un investigador médico de los Institutos Nacionales de Salud, contactó con la Universidad de Minnesota con la esperanza de revisar los datos no publicados del Experimento Coronario, que se habían encontrado en una caja polvorienta en el sótano de la casa del Dr. Frantz, que murió en 2009. Frantz había sido un destacado científico en la Universidad de Minesota, donde estudió la relación entre las grasas saturadas y las enfermedades del corazón. Uno de sus colegas más cercanos fue Ancel Keys, un científico influyente cuya investigación en la década de 1950 ayudó a declarar a las grasas saturadas como el enemigo número uno de la salud pública, lo que llevó al gobierno federal a recomendar dietas bajas en grasa a toda la nación.

(...)

Los resultados del estudio sorprendieron a Ramsden. Los participantes que consumieron una dieta baja en grasas saturadas y enriquecida con aceite de maíz redujeron su colesterol en un promedio del 14 por ciento, en comparación con el 1 por ciento del otro grupo. Pero la dieta baja en grasas saturadas no redujo la mortalidad. De hecho, el estudio encontró que cuanto mayor era la caída del colesterol, mayor era el riesgo de muerte durante el ensayo.

Los resultados van en contra de las recomendaciones dietéticas convencionales que aconsejan una dieta baja en grasas saturadas para reducir el riesgo cardíaco. Las actuales guías dietéticas llaman a los estadounidenses a reemplazar la grasa saturada, que tiende a elevar el colesterol, con aceites vegetales y otras grasas poliinsaturadas, que reducen el colesterol.

Aunque no está claro por qué los datos del Experimento Coronario de Minnesota no habían sido analizados completamente, una posibilidad es que el Dr. Frantz y sus colegas se enfrentaran a la resistencia de las revistas médicas en un momento en que poner en tela de juicio la relación entre grasas saturadas y la enfermedad coronaria era muy impopular.


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