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dimarts, 12 d’abril de 2016

El glifosato o cómo mear fuera de tiesto


A iniciativa de los Verdes, los diputados europeos estan invitados estos días a mear en un tubito de plástico para realizar una analítica de orina que detecte si tienen trazas de glifosato, un herbicida cuya licencia la Comisión Europea quiere prorrogar 15 años más y el lobby verde, no.

La ecoiglesia, que también habla excátedra, sospecha que el herbicida es dañino para la salud y apoya una resolución para prohibirlo, que se votará este miércoles.

Sin embargo, no existe ningún estudio científico serio que certifique la peligrosidad del glifosato para la salud humana. Por el contrario, hay práctica unanimidad en considerarlo mucho mejor que otros productos alternativos que existen en el mercado. El profesor J.M. Mulet lo cuenta así:
El glifosato se ha convertido en el caballo de batalla de muchos grupos ecologistas. Es curioso porque gran parte de su éxito se debe a que inhibe específicamente una enzima de plantas, por lo que no tiene prácticamente toxicidad en animales. Otra ventaja es su escasa vida media en el suelo, biodegradándose en especies no tóxicas. Todo esto lo hace mejor que otras muchas alternativas, algunas de las cuales siguen en uso, pero claro, como no tienen nada que ver con los transgénicos, no es rentable demonizarlos. Otra ventaja es que la patente caducó en el año 2.000 por lo que su precio es más que asequible. 
Esta es la gran evidencia científica detrás de la toxicidad del glifosato. Un artículo retirado. | Food and Chemical Toxicology, 50 (2012) 4221-4231. doi:10.1016/j.fct.2012.08.005

La liturgia verde exige para el triumfo de la fe la participación de los fieles, de ahí que casi todos los eurodiputados se hayan meado. Sin embargo, las trazas 'tóxicas' en la orina no quieren decir mucho. Cito de nuevo a Mulet:
Para cualquier sustancia se puede determinar su nivel de toxicidad. (...) El parámetro más típico es el LD50 (de lethal dose) que es la concentración que provoca que la mitad de los animales del experimento fallezcan. Y siempre hay un nivel a partir del cual una sustancia, la que sea, es tóxica.

Por ejemplo, el LD50 del agua es de 6 litros. Ahora que muchos ayuntamientos quieren prohibir el glifosato, cabría recordar que el de la cafeína o la aspirina es mucho más bajo. Es decir, necesitas menos dosis para morirte. Similar pasa con los compuestos cancerígenos. Existen ensayos para evaluar la capacidad de un compuesto para producir cáncer, y el resultado no es "sí" o "no", sino una probabilidad de producir cáncer en un determinado espacio de tiempo. Por lo tanto, cuando se desató el pánico hace unos meses porque el jamón y la mortadela eran cancerígenas, cabría recordar que lo importante no es que lo sean, sino en qué magnitud. Y su magnitud es bastante baja.
Hoy, con sus vejigas vacías, los eurodiputados votaran probablemente fuera de tiesto.






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