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dijous, 9 de juny de 2016

El regreso de la opción jordana


Ni la sociedad israelí ni la palestina están preparadas para llegar a un acuerdo; por el contrario, en Israel el creciente nacionalismo se ha convertido en un obstáculo fundamental para cualquier negociación. Mientras el primer ministro Benjamín Netanyahu intente satisfacer a los elementos ultranacionalistas, no hay posibilidades de que logre producir las propuestas de paz buscadas por sus predecesores, Ehud Barak y Ehud Ólmert. En cuanto a los palestinos, su fragmentada política socava cualquier posibilidad de negociación eficaz.

Pero aún más allá de las circunstancias actuales, existen motivos más fundamentales por los cuales el proceso de paz israelí-palestino nunca ha funcionado. El papel de la historia y la religión en el conflicto, junto con lo reducido del territorio por el que luchan las partes, dejan un margen de ajuste demasiado estrecho.

Y existe otro motivo fundamental: el interlocutor palestino no es un estado, sino un movimiento impredecible. Es un movimiento institucionalmente invertebrado y dividido entre islamistas, que sueñan con una nación árabe sin límites, y nacionalistas seculares ineficaces, que rechazaron cuatro veces (en 1937, 1947, 2000 y 2008) ofertas para crear un estado palestino.

(...)

De todas formas, existe una alternativa a la solución de dos estados que tiene en cuenta estos factores: Cisjordania podría volver a Jordania, que entonces se convertiría en una especie de confederación jordano-palestina. En esencia, esta opción representa un regreso a los parámetros de la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, donde la delegación jordano-palestina representó a la causa palestina.

Israel, en este escenario, tendría el beneficio de conseguir como interlocutor a un estado ordenado con tradición de negociar y cumplir acuerdos —e interés en ello—. Esto debiera bastar para impulsar a los líderes israelíes al menos a considerar la opción y a comportarse con menos falsedad que la que han mostrado en las negociaciones directas con los palestinos.

Si Israel deja de contar con la debilidad institucional palestina como justificación para su constante ocupación de Cisjordania, Palestina podría verse beneficiada. Además, Israel no podría, como ha intentado en el pasado, anexar áreas estratégicas de Cisjordania y devolver el resto a Jordania, sino que tendría que retirarse hasta las fronteras de 1967 con modificaciones e intercambios de tierras acordados. Los palestinos parecen reconocer estos beneficios. En 2013, según encuestas llevadas a cabo por el Centro Palestino de Investigación sobre Políticas y Encuestas, el 55 % de los palestinos estaba a favor de la opción jordana, esto indica un aumento del 10 % en 5 años.| Shlomo Ben-Ami
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