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dijous, 24 de novembre de 2016

Lloran, obscenamente, por sí mismos


El problema del populismo son las 169 portadas que el diario El País dedicó a demostrar la culpabilidad de un inocente llamado Francisco Camps. El problema del populismo es que el Partido Popular decidiera que una imputación (o investigación, como la llaman ahora) era suficiente para que Rita Barberá abandonase la vida política. Una decisión, por cierto, en la que influyó la radical exigencia de Ciudadanos, mucho más grave cuando este partido se distingue o se quería distinguir por practicar una política absolutamente refractaria al populismo.

Lloran por sí mismos. Han tenido mala suerte, cabe reconocerlo. Si Barberá hubiera muerto de un accidente de tráfico, cuánto más mesurados no habrían sido sus juicios, cuánto más anecdóticas y solapadas sus lágrimas. Incluso si hubiera muerto en Valencia, ha de vuelta... Pero no. Ha sido en el propio Madrid, un día después de declarar por mil euros, a dos pasos del templo de la soberanía popular, sola y apestada en una habitación de hotel.

Comprendo la mala conciencia derramada, la comprendo. El escenario dispuesto por la muerte es de un simbolismo barroco cargado e insoportable. Pero harían bien en contener las lágrimas y dejar de buscar en ellas redención. Llorar es a veces muy narcisista. Llorar es a veces mira cómo estoy llorando. Y las emociones, el único modo de pensar del populismo. Entiérrenla, olvídenla y pónganse a trabajar. Porque la democracia está imputada. | ARCADI ESPADA
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