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dissabte, 3 de desembre de 2016

Ciudadanos, cornudos y apaleados


A la primera de cambio, todo el mundo se precipitó a dar por muerto el bipartidismo sin querer ver que, como mucho, lo que estaba pasando era otra más de las interminables derivas políticas e ideológicas y luchas fratricidas de la izquierda. El ascenso de Ciudadanos de la periferia a la centralidad ayudó a consolidar esa ilusión. Pero a medida que las aguas del arroyo se han ido calmando y el poso se ha depositado en el fondo, el caudal ha vuelto por su cauce más o menos habitual.

El desgarro de la izquierda vuelve a ser similar al de los primeros años de la transición, con un PSOE socialdemócrata y un revolucionario PCE/Izquierda Unida, actuando como vasos comunicantes que podrían llegar a invertirse. En la derecha, tras el desgaste que siempre ocasiona el gobernar y más aún en el tiempos de crisis profunda, el PP de Rajoy se reinstala, mientras que Ciudadanos parece encallado en un techo que le cuesta superar.

Frente a la deriva podemita de Sánchez, Rivera se situó en el espacio de centroizquierda que el PSOE había abandonado en lugar de situarse en el espacio liberal que no ocupa el PP. Convencido que el final del bipartidismo le garantizaba un lugar relevante en la política y en la historia se permitió el lujo de vender como alternativa la demonización del PP. Rectificó, pero tarde y mal. Tan mal que ni tan siquiera vió la importancia que tenía para Ciudadanos tener ministros en el gobierno de Rajoy.

Pero en política los errores siempre se pagan y ahora Rivera se ve relegado frente a la implícita 'Gran coalición' entre PP y PSOE -que ante todo pretende salvar a los dos grandes partidos- y de la que Ciudadanos son meros comparsas. Cornudos y apaleados comparsas.

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