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dijous, 5 de gener de 2017

¿Qué hacemos con los Ohio, Albacete, Palencia o Newcastle que se quedan atrás?


...el crecimiento está cada vez más concentrado no en ciudades, sino en un número aparentemente cada vez más reducido de grandes áreas metropolitanas. 20 de los 3.000 condados de Estados Unidos (incluyendo sitios como Los Ángeles, Miami y Nueva York) concentran la mitad de todas las nuevas empresas que abrieron en Estados Unidos entre el 2010 y el 2014. Las cifras de creación de empleo y aumento de ingresos siguen un patrón similar. La economía americana, y sospecho, la economía del resto de países desarrollados, está viviendo una serie de cambios estructurales que benefician las grandes aglomeraciones urbanas y perjudican las áreas rurales y ciudades pequeñas. No es de extrañar que los votantes de Ohio, Wisconsin o el interior de Pennsylvania estuvieran cabreados – su región realmente se está quedando atrás.

¿Qué está sucediendo? Parece que el nuevo mundo digital está reforzando los efectos de red y sus beneficios en zonas densamente pobladas. En general una empresa es más productiva si está situada en una zona donde hay otras empresas similares haciendo cosas parecidas: puede encontrar mano de obra cualificada más fácilmente, debe innovar más para seguir siendo competitiva y tiene acceso redes de proveedores, servicios profesionales y demás que no existen (o serían muy caros) en una ciudad aislada. Una economía moderna hace estas redes cada vez más valiosas – y las nuevas tecnologías contribuyen a que sus efectos sean aún más potentes. En una economía cada vez más basada en servicios y conocimientos, estar cerca de otros contribuye aún más a la innovación.

La cuestión entonces pasa a ser qué hacemos con los Ohio, Albacete, Palencia o Newcastle que se quedan atrás. Si el crecimiento económico favorece las ciudades grandes, densas, abiertas, cosmopolitas y bien conectadas como Madrid o Barcelona, es muy difícil diseñar políticas públicas que consigan sacar del agujero a regiones donde simplemente no vive demasiada gente. Conectarlas con la capital con líneas de AVE seguramente acabarán por hacer que el nodo central sea aún más dominante, no lo contrario. Simplemente, es difícil replicar los efectos multiplicadores que tiene estar cerca de otros innovadores, fuera de lugares que tengan la suerte de tener universidades potentes o una empresa especialmente creativa que haya sabido expandirse.

Algo parece cada vez más claro: si las economías de red y la aglomeración urbana generan tantas ventajas, la creciente fractura política y económica entra ciudades y zonas rurales está aquí para quedarse. Cerrarlo no va a ser sencillo. | ROGER SENSERICH

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