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diumenge, 10 d’abril de 2016

Todo es tóxico

Vamos al segundo problema, el alarmismo. Por ejemplo, hagamos un experimento sencillo e imaginario. Cogemos a alguien y le damos 100 g de jamón serrano y evaluamos su salud. Al día siguiente le damos 200g, al siguiente 400g y así cada día vamos doblando la cantidad. Al principio todos los parámetros de salud salen normales, pero cuando las dosis se hacen altas vemos que el riñón y otros órganos empiezan a fallar. Al final el señor se muere. El científico publica cuál fue la última cantidad de jamón que el señor se tomó (casi 4 kg de una sentada) y se lo cuenta a la prensa. El titular es: "El jamón serrano es muy tóxico".

¿Imaginario? Para cualquier sustancia se puede determinar su nivel de toxicidad haciendo experimentos similares al que he descrito, pero en animales. El parámetro más típico es el LD50 (de lethal dose) que es la concentración que provoca que la mitad de los animales del experimento fallezcan. Y siembre hay un nivel a partir del cual una sustancia, la que sea, es tóxica.

Por ejemplo, el LD50 del agua es de 6 litros. Ahora que muchos ayuntamientos quieren prohibir el glifosato, cabría recordar que el de la cafeína o la aspirina es mucho más bajo. Es decir, necesitas menos dosis para morirte. Similar pasa con los compuestos cancerígenos. Existen ensayos para evaluar la capacidad de un compuesto para producir cáncer, y el resultado no es "sí" o "no", sino una probabilidad de producir cáncer en un determinado espacio de tiempo. Por lo tanto, cuando se desató el pánico hace unos meses porque el jamón y la mortadela eran cancerígenas, cabría recordar que lo importante no es que lo sean, sino en qué magnitud. Y su magnitud es bastante baja. De hecho, el sujeto imaginario del experimento anterior no se muere de cáncer sino atiborrado de jamón.
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