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diumenge, 3 d’abril de 2016

Las razones políticas del déficit público

El Estado español es un estado caro, muy caro, y sus diecisiete autonomías suponen un alto coste. Sin cuestionar derechos ni identidades históricas, que no viene ahora a cuento, la descentralización en España ha provocado la creación de auténticos virreinatos, en los que la pulsión clientelar ha podido siempre a la voluntad de eficacia. Sobran organismos con funciones duplicadas, sobran cargos, sólo justificados en muchos casos en la necesidad de dar salida profesional a amigos y correligionarios con cargo a las cuentas públicas, sobran demasiadas prebendas y oropeles.

Falta en España una profunda reforma de la función pública que incremente la productividad de nuestros funcionarios, y aquí las autonomías tampoco han sido más hábiles que la administración central de la que nacieron. Y no se ha hecho una reforma de la función pública que se reclama desde hace al menos 30 años porque los políticos españoles son cortoplacistas y anteponen con demasiada frecuencia sus necesidades a la del país.

Falta un auténtica reforma fiscal que acabe con el exceso volumen de economía sumergida, uno de los más altos de la OCDE, y ante el que nuestros políticos se han revelado una y otra vez impotentes. No sobra estado de bienestar, falta una administración más austera y eficaz.

Con ese estado de cosas, es muy difícil luchar contra el déficit público. Es igual que crezcamos o que estemos con la economía en horas bajas. La tendencia cortoplacista y clientelar de la mayoría de nuestros políticos, la ausencia de controles independientes y rigurosos, siempre favorecerá la existencia de agujeros negros por los que se escape la riqueza del país.
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